En la óptica es fácil acabar con diez monturas sobre el mostrador y la sensación de que todas te quedan "más o menos". Para salir de ahí ayuda ir por partes: descarta primero las que no tienen tu tamaño y deja la forma para el final.
Si llevas gafas todo el día, la montura es lo primero que se ve de tu cara en una reunión, en una videollamada o en una foto. Merece la pena dedicarle más rato que a unos pendientes.
Por qué una montura cambia tanto la cara
Una montura añade líneas justo en el centro del rostro. Según su forma y su grosor, la cara se ve más ancha o más estrecha, más angulosa o más suave, y los ojos ganan o pierden protagonismo.
Hay un estudio que lo muestra bien. En 2011, Helmut Leder, Michael Forster y Gernot Gerger, de la Universidad de Viena, compararon cómo se percibían caras con gafas de aro completo y con gafas al aire. Las gafas llevaban la mirada de quien observaba hacia la zona de los ojos. El viejo tópico sobre las gafas se confirmó, pero dependía de la montura: las gafas al aire transmitían más confianza, no restaban atractivo y además hacían la cara menos distintiva, hasta el punto de que costaba más reconocerla después. Fueron experimentos con fotos en laboratorio, así que no dicen qué montura elegir, aunque sí que la montura cambia lo que los demás ven primero.
Primero, el tamaño
Empieza por el ancho. Busca una montura más o menos tan ancha como tu cara a la altura de los ojos, de sien a sien. Una montura más estrecha hace que la cara parezca más ancha de lo que es, y cuando sobresale mucho por los lados, las gafas se comen los rasgos.
Luego fíjate en la línea de arriba. Suele quedar mejor cuando acompaña la forma de las cejas, sin taparlas del todo ni quedarse muy por debajo.
El grosor depende de la escala de tus rasgos. Una pasta muy gruesa sobre unos rasgos finos se lleva todo el protagonismo, mientras que unos rasgos grandes y marcados admiten una montura con más cuerpo.
La forma: equilibrar o potenciar
Una vez que el tamaño encaja, la forma decide el efecto. Unas líneas contrarias a las de tu cara la equilibran, y unas parecidas refuerzan lo que ya tienes, que también es una buena opción si te gusta. En la asesoría lo trabajo a partir de la forma de tu rostro y después afino con tus rasgos, porque muchas caras mezclan dos formas.
Forma de rostro | Cómo reconocerla | Montura que equilibra | Montura que potencia |
|---|---|---|---|
Ovalado | Algo más larga que ancha, sin ángulos marcados | Casi cualquier forma si respetas el tamaño, sobre todo de ojo de gato, tipo wayfarer o redonda | La que más te guste, a tu escala |
Redondo | Casi tan ancha como larga, con líneas curvas | Rectangular, cuadrada o tipo wayfarer, algo más ancha que alta | Redonda u ovalada |
Cuadrado | Mandíbula recta y marcada, frente y mandíbula de anchura parecida | Redonda, ovalada, de ojo de gato o con los bordes suaves | Rectangular de trazo definido |
Alargado | Claramente más larga que ancha | Montura con algo de altura o con el puente bajo, como las de aviador, las redondas o las cuadradas grandes | Montura estrecha y alargada |
Corazón | Frente ancha y barbilla estrecha | Montura con más peso abajo o al aire por arriba, ovalada o redonda | Ojo de gato, que sube la atención |
Diamante | Pómulos como la parte más ancha | De ojo de gato, redonda, ovalada o con la parte de arriba marcada | Geométrica o con ángulos marcados |

Dónde se apoyan: puente y altura
El puente también cambia la nariz. Si se apoya bajo, la nariz parece más corta, y un puente alto o transparente la alarga. La altura a la que sube la montura hacia las sienes mueve la atención: el ojo de gato, por ejemplo, la lleva hacia arriba y hacia fuera.
Qué comprobar antes de decidirte
Pruébatelas con el pelo como lo llevas a diario, porque un flequillo o una melena suelta cambian cómo quedan. Hazte una foto de frente con cada montura, con la misma luz, y compáralas después con calma, fuera de la tienda si puedes.
Sonríe en alguna foto. Al sonreír suben los pómulos, y hay monturas que entonces se apoyan en ellos y se mueven.
Si vas a llevarlas muchas horas, elige también por comodidad. Una montura que te encanta pero te marca la nariz o se te resbala acaba en el cajón. Para la graduación y el tipo de lente, quien decide es tu óptico.
Un caso: cara redonda y gafas demasiado anchas
Ana (la llamaré así) llevaba unas gafas aproximadamente dos dedos más anchas por cada lado de su rostro. Su rostro era de forma redonda y la montura, de líneas rectas, entre cuadradas y rectangulares.
Mantuvimos la estructura cuadrada de la montura, ya que las líneas rectas aportaban mayor definición y ayudaban a equilibrar visualmente la redondez del rostro. Sin embargo, redujimos el ancho de la montura, eligiendo una medida similar al ancho de su cara y ligeramente superior.
Buscamos una forma rectangular o cuadrada suave, más proporcionada y ligeramente estructurada, que acompañara sus facciones sin dominar el rostro.
En cuanto al color, elegimos una montura en tonos marrones, en armonía con su temperatura cálida.

El color, otra decisión
El color de la montura sigue otra lógica: tiene que ir con tu piel, tus ojos y tu pelo, y eso lo resuelve la colorimetría. Una montura con la forma justa puede fallar por el color, así que conviene decidir las dos cosas por separado.
Las gafas mueven las mismas líneas que el corte de pelo según tu rostro, así que si estás pensando en cambiar las dos cosas, decide primero el corte y llévalo a la óptica tal como lo vas a peinar. Cómo encajan todas estas piezas lo cuento en qué es el visagismo.
Y si al final dudas entre dos monturas que te gustan, mira las fotos y quédate con aquella en la que te miras antes a los ojos que a las gafas.



