El cambio de armario suele hacerse con prisa: bajas las cajas, cambias una ropa por otra y vuelves a subirlas. Te propongo aprovecharlo un poco más, porque es el único momento del año en que toda la ropa de una temporada te pasa por las manos. Con unas pocas comprobaciones al guardar y al sacar, terminas con un armario que puedes ponerte desde mañana y sabiendo qué te falta antes de pisar una tienda.
El orden que sigo es este: primero guardo el verano, después saco el invierno y al final miro qué huecos han quedado. Si solo tienes una tarde, haz las dos primeras partes y deja la tercera para otro día de esa misma semana.
Prepara el sitio antes de abrir las cajas
Necesitas una superficie despejada (la cama sirve), las cajas o bolsas donde vas a guardar el verano y una tarde sin interrupciones.
Reserva también tres sitios: uno para lo que vuelve al armario, otro para lo que necesita algo antes de volver (lavarlo, llevarlo a la tintorería, coser un botón, arreglar un bajo) y una bolsa para lo que sale. Lo que va a esa bolsa no se decide hoy. Ciérrala, déjala a la vista unos días y, cuando la abras con calma, piensa si cada prenda se arregla, se vende o se dona.
Guarda el verano mientras recuerdas cuánto lo has usado
Al recoger la ropa de verano tienes una ventaja que en abril ya habrás perdido: sabes qué te has puesto estos meses. El vestido que repetiste en todas las cenas de agosto y el pantalón de lino que no salió del cajón todavía están frescos en la memoria.
Aprovecha para apartar lo que no has llevado este verano. No hace falta sacarlo de casa: guárdalo en la caja que vas a abrir primero o apunta en un papel qué prendas son y mételo dentro. En primavera, cuando hagas el cambio al revés, te encontrarás esa nota y decidirás sabiendo que esas prendas pasaron un verano entero sin salir.
Si al apartarlas ves que son muchas, en tengo el armario lleno y no sé qué ponerme te explico qué suele haber detrás y cómo verlo con un ejercicio sencillo.
Cómo guardar la ropa de verano para que no se estropee
Todo lo que guardes tiene que ir limpio, también lo que solo te pusiste una vez y parece que está bien. Una guía de control de polillas de la Universidad de California explica que los tejidos con manchas de comida o de sudor sufren más daños y que estos insectos atacan menos la ropa limpia que la muy sucia (Choe, 2013). Las larvas se alimentan sobre todo de lana, así que el riesgo es mayor en el punto y en las mezclas con lana que en una camiseta de algodón. Aun así, si lo guardas todo limpio, en primavera no tendrás que lavar media caja antes de ponerte nada.
Al meterlo en las cajas:
Comprueba que todo está bien seco antes de cerrar, sobre todo los bañadores y lo que acabas de lavar
Dobla el punto y las prendas elásticas en lugar de colgarlas, porque en la percha se deforman los hombros
Coloca arriba lo delicado (seda, gasa, bordados o pedrería), sin peso encima
Usa cajas o bolsas que cierren bien: la misma guía recomienda guardar las prendas limpias en un recipiente hermético
Con las bolsitas de lavanda y las tablas de cedro, mejor no confiarse. Según esa ficha, se sabe poco de la eficacia de los repelentes de aceites vegetales, la del cedro es discutible y, a la larga, importa más que el baúl cierre bien que el tipo de madera (Choe, 2013). Si te gusta cómo huelen, úsalas, pero después de lavar y con la caja bien cerrada.
Al sacar el invierno, pruébate lo que te haga dudar
Con la ropa de invierno pasa lo contrario: llevas meses sin verla y la recuerdas mejor de lo que está. Antes de colgar cada prenda, revisa tres cosas.
Primero, el ajuste. No hace falta probártelo todo, basta con lo que te haga dudar y con lo que va encima de otras prendas. Pruébate los abrigos y las chaquetas con el jersey más grueso que vayas a llevar debajo, que es como vas a usarlos: así ves si tiran en la espalda al cruzar los brazos o si las mangas se han quedado cortas.
Después, el estado. Busca bolitas en los jerséis, costuras abiertas, botones flojos, cremalleras que se atascan y manchas que no viste al guardarla. En la lana, mira también debajo de los cuellos y de los puños, porque la misma guía indica que los daños de polilla suelen aparecer en esas zonas escondidas (Choe, 2013). Lo que tiene arreglo va al sitio de "necesita algo" y vuelve al armario cuando esté listo.

Por último, el uso. Piensa si te lo pusiste el invierno pasado. Si no, cuélgalo igualmente, pero dale un plazo. Para comprobarlo sin apuntar nada, cuelga todas las perchas en el mismo sentido y gira cada una cuando uses esa prenda. En febrero verás cuáles no se han movido.
Imagina un abrigo marino de lana que te encanta y que llevas dos inviernos sin ponerte porque las mangas te tapan media mano. Acortar mangas es un arreglo habitual en una costurera, y con eso el abrigo vuelve a tu semana. Si lo que fallara fueran los hombros, que se ajustan mucho peor, la decisión sería otra.
Con el armario montado, mira qué te falta
Este es el paso que casi siempre se salta. Con el invierno ya colgado y lo que está para arreglar fuera, ves de verdad con qué cuentas esta temporada. Antes de comprar un abrigo nuevo porque es lo que toca en octubre, monta los conjuntos de una semana normal tuya: lo que te pones para trabajar, para el fin de semana, para una cena.
Los huecos aparecen solos. A veces falta una prenda entera, como algo de abrigo que vaya con los vestidos. Otras veces falta lo que une: tienes tres pantalones de invierno y ninguna parte de arriba en un color que vaya con los tres, o muchos jerséis y ningún calzado para los días de lluvia.
Apúntalo en una lista corta y concreta: qué prenda, de qué color y con qué la vas a combinar. "Un jersey" no te ayuda en la tienda; "un jersey fino azul marino para los dos pantalones grises" te dice exactamente qué buscar y te evita volver a casa con otro igual al que ya tienes. Antes de pagar, en por qué compro ropa que nunca me pongo tienes lo que conviene comprobar. Y si quieres sacar más conjuntos de lo que ya tienes, te lo explico en cómo construir un estilo personal coherente.

Si la lista sale larga porque te falta casi toda la base (pantalones, camisas y prendas de abrigo que combinen entre sí), empieza por esas piezas antes que por los caprichos de temporada.
Si prefieres hacerlo acompañada
Si estás en Barcelona, revisar el armario con alguien al lado es justo lo que hago en el servicio de fondo de armario, en tu casa. Revisamos juntas lo que tienes, te pruebas lo que te hace dudar y vemos qué prendas funcionan y cuáles no, qué combinaciones salen con tu ropa y qué falta de verdad. Te llevas una lista de compras pensada para completar lo que ya tienes. Hacerlo coincidiendo con el cambio de temporada tiene sentido porque la ropa ya está fuera de las cajas.
Si este año solo te da tiempo a una parte, quédate con dos gestos: la nota dentro de la caja de verano y la lista de lo que falta. En primavera abrirás la caja sabiendo qué no te pusiste, y en la tienda llevarás apuntado lo que buscas.




